Peregrinaje metal: Maryland Deathfest XIII

Peregrinaje metal: Maryland Deathfest XIII

junio 16, 2015 0 Por LaBaseCR.net

Había llegado. Finalmente. El momento por el que había estado esperando toda mi vida: vacaciones en un festival de Metal. Disculpen, el festival de metal, el Maryland Deathfest.

Un festival de metal extremo sin basura y sin metal suavecito. Death, Doom, Black, Thrash, Grindcore; solo lo más duro, pesado, escandaloso y rápido (o lo más lento i.e. doom-stoner) es permitido. Había planeado este viaje con mi mejor amigo desde diciembre, anticipando otro gran evento en mi vida: mi maldito cumpleaños número 30. Decidí que la mejor forma de superar la crisis de tres décadas era agarrándola a patadas dentro de un moshpit en Baltimore. Sentado acá escribiendo, de vuelta a Costa Rica, los varios moretones, raspones y cortadas son evidencia de una exitosa terapia.

Sin embargo, dentro de los reinos de la música, no hay más grande, más magnífico o más glorioso reino que el del Metal

Siendo un disque-periodista de música, he aprendido a apreciar muchos géneros de música desde hip-hop a country a indie, punk, folk, etc. Sin embargo, dentro de los reinos de la música, no hay más grande, más magnífico o más glorioso reino que el del Metal. No existe género alguno que disfrute más o alguna otra música que haya significado tanto para mí en la vida como el metal lo es en sus diversas encarnaciones. Mis amistadas más cercanas han sido cocidas a fuego lento bajo la llama eterna del metal y mis experiencias relacionadas a esta música son innumerables; todo este viaje era un rito de paso metalero que me debía a mi mismo hace mucho tiempo.

Alisté mis maletas con un vestuario completamente negro; una selección de camisas de bandas cada una con su propia historia; mis Martens bien usaditas; calzoncillos y medias negros. Volamos hacia Baltimore, una ciudad que nunca había visitado antes, pero de la cual estaba más que consciente. Hace no mucho, Baltimore estuvo en todas las noticias; motines y protestas sobre asuntos raciales y abuso policial fueron protagonistas de los noticieros en ese momento. Anterior a esto, conocía Baltimore por ser la residencia y el lugar del descanso final del de uno de los escritores más influyentes en mi vida: Edgar Allan Poe.

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El hostel donde nos quedábamos estaba lleno de metaleros. Nuevas amistadas fueron hechas de inmediato.

IMG-20150610-WA0004Tres ticos y dos salvadoreños de Los Angeles conformamos la pandilla: The Satanic Hispanics. Por ahí habían unos canadienses, un colombiano, franceses, puertorriqueños y estadounidenses de todos lados. El primer día salimos a visitar un poco la ciudad y yo en lo personal iba con un par de cometidos: comerme uno de los famosos crabcakes del mercado de Baltimore y llevar una rosa a la tumba de Edgar Allan Poe. Si, ya sé, que cliché, ¿verdad? Tenía que darle algo al pequeño niño gótico que aún vive en algún rincón de mí.

[show_hide title=»Más info del festival:»]http://www.marylanddeathfest.com/about[/show_hide]

Yo en lo personal iba con un par de cometidos: comerme uno de los famosos crabcakes del mercado de Baltimore y llevar una rosa a la tumba de Edgar Allan Poe

Ver fragmentos del pasado histórico es algo hermoso y cautivante. El pequeño cementerio donde la familia Poe se encuentra enterrada es el hogar también de otros personajes históricos, con lápidas que datan desde los 1730’s; muchas de ellas tan gastadas que ya no recuerdan a quien guardan bajo su sombra. Poéticamente, este fue el único día oscuro, lúgubre, lluvioso y frío del viaje. Aprovechamos para visitar el mercado de Lexington (establecido en 1782), el cual mantiene un ambiente y aire muy similar a nuestro propio Mercado Central, sólo que aquí en vez de los talapintos y helados de sorbetera, los protagonistas son los crabcakes, los camarones al vapor y las ostras crudas; todo proveniente de la bahía que quedaba a una seis cuadras del mercado. Todo fue acompañado con un ale y una lager de Pendulum, una cervercería artesanal con temática de Poe.

Panzas llenas, corazones listos, era hora del primer chivo. Dos venues: Baltimore SoundStage y Ramshead Live. Brutal Death Metal en el primero; Doom y Sludge Metal en el segundo. Camisa puesta: Black Sabbath U.S. Tour ’78.  Empezamos la batalla con Origin, una de las bandas más ametralladoras del planeta. Es una banda de muchas notas y muchos blastbeats. John Longstrength, su baterista, es una de las máquinas de volar lata más respetadas dentro del género. Su temática es la profundidad y el terror del espacio exterior y suenan precisamente como una colisión planetaria. Afuera del chivo estaba a diez grados; adentro hacía el calor de un supernova. Era una escena caótica; la banda mandaba su aplastante tarro espacial mientras un moshpit violento con caballos y pollos (sí, durante todo el festival habían muchos disfraces, más sobre eso luego) se movía como un torbellino de patadas y mechas. De la tarima se tiraba gente constantemente y los guardas de seguridad participaban felizmente de las actividades. Antes de empezar una canción, Jason Keyser (vocales) le indica al público que es hora del primero de muchos walls of death de la noche. Si no saben que es un wall of death, básicamente es cuando el público del frente se separa en dos como el mar rojo y la indicación del vocalista corren con todo unos hacia los otros para empezar un moshpit gigantesco. Si hay algo que no puedo evitar, es disfrutar de un buen desmadre y un buen moshpit en un chivo de tarro; hay algo desahogante y poderoso en chocar con otros seres humanos violentamente al son de esta música. Es nuestra cumbia violenta, nuestro cha-cha-cha del mal. Nada se compara a un moshpit de metal extremo; ningún slam, pogo o violent-dancing. Al terminar Origin ya tengo mi primer morete y estoy seriamente sudado.

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Por razones legales, creo que no debería explicar cómo llegamos a tener esto en un concierto en Baltimore, viniendo de Costa Rica

La siguiente banda que viene a despellejarnos vivos es Skinless (leyendas del Brutal Death Metal del este de Nueva York) presentándose con su nuevo vocalista (quien es su vocalista original), ThunderWheel Webber. Él recibe el apodo de «Rueda de trueno» por su energía frenética en tarima que electrifica al público y crea uno de los ambientes más salvajes en este nicho de la música extrema. Webber canta desde sus entrañas, es cómico y atarantado entre canciones y durante el chivo termina tirándose de la tarima varias veces. Nos damos cuenta que el bajista de Skinless, Joe Keyser, venía caminando y hablando con nosotros de camino al chivo, contándonos sobre su amor por Costa Rica. No lo reconocimos hasta el momento que se subió a la tarima a mandar bulla. Este es el tipo de evento que es el Maryland Deathfest; uno donde los músicos andan entre la gente como Pedro por su casa. Aparecen más personajes en el público incluyendo un hombre vestido de pene gigante. Skinless es técnico, pero su característica especial es lo infecciosos que son sus riffs, cual bacteria comecarne, devorando todo a su paso. Antes de la última canción, suben al pene y al pollo a la tarima, para hacerlos tirados al despiadado moshpit al comenzar el tarro. Se despiden prometiendo un nuevo disco, el cuál al momento de escribir esta crónica, ya ha salido; se llama Only The Ruthless Remain y es deliciosamente brutal.

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Al terminar Skinless, nos transferimos por el resto de la noche a la segunda tarima, Ramshead Live. Acá se estaba ofreciendo un line-up estelar de los géneros doom y sludge; los incomparables titanes del doom psicodélico, Yob, cerrarían la fecha. Lo primero que hicimos al llegar al Ramshead, fue consumir drogas.

Los incomparables titanes del doom psicodélico, Yob, cerrarían la fecha

Sí, drogas de esas que hacen que se derritan las paredes y que los colores se multipliquen. Hablo específicamente del LSD que, por razones legales, creo que no debería explicar cómo llegamos a tener esto en un concierto en Baltimore, viniendo de Costa Rica. Era un pequeño cartoncito blanco, sin dibujo, sin olor, sin sabor; un auténtico ácido misterio. Sin saber que esperar más que alrededor de 12 horas continuas de confusión, alucinaciones y paranoia, pusimos los cuadritos misteriosos sobre nuestras lenguas y nos pusimos nuestros cascos imaginarios de psiconautas. Durante esto tocaba una banda llamada Mantar, pero no pusimos demasiada atención ya que nos dedicamos a explorar el venue de tres pisos y a socializar con metalheads de todo el mundo. De paso, mi amigo, haciendo amistades, logró procurar lo que vendría a ser más valioso que un lingote de oro: un puro perfectamente enrolado de marijuana de alta calidad. Me disculpan por ser una «mala» influencia, pero este tipo de música va de la mano con este tipo de drogas. Olvídense del psytrance y la música electrónica repetitiva prefabricada que siempre asocian con los psicodélicos; si quieren una experiencia enriquecedora e iluminante, usen su ácido con música psicodélica real, tocada desde el alma. No todas las drogas son buenas, niños, algunas son maravillosas.

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En lo que va surtiendo efecto, el ácido provoca una serie de sensaciones curiosas. Sus efectos no se sienten de inmediato y toman por ahí de 1 o 2 horas para empezar a manifestarse. Quienes estamos acostumbrados, sin embargo, sabemos detectar las señales. Empezaba a tocar Jex Thoth en este momento que me gusta llamar el «friocalor». Jex Thoth es una artista de doom estadounidense que es como la hija bastarda de Black Sabbath y Kate Bush. Jex es preciosa y sensual (aún con sus axilas sin depilar que, de alguna manera, funcionan en ella) y tiene el encanto de una bruja en la tarima. Es más, todo su show y su interpretación, es brujería ritual. Un simple candelabro encendido decora la tarima, pero ella, su presencia, su atuendo (una capucha de terciopelo), sus movimientos y su mirada, son todas hipnotizantes; Jex no tardó media canción para tener a todo el público bajo su hechizo. Durante las partes más calladas de la música, no se escuchaba ni un grillo por encima del embrujo. En un momento que nunca voy a olvidar en mi vida, Jex Thoth toma una candela y enciende un pedazo de palosanto, un incienso aromático que se reconoce por su uso en la magia ritual. Justo entonces, me pasan un vaporizador con marihuana y al exhalar, el ácido previamente ingerido desata sus poderes. Hay una explicación científica para todo esto, pero, nublado por ácido, quise creer y senti que Jex me elevaba a los estados alterados, bendecido con su quema de madera sagrada. La música y el humo del incienso pasaban sus dedos etéreos por todo el lugar y yo sentía donde me entraban por la nariz y los oídos, acariciando mi cerebro hasta que viera la cara verdadera de Jex; sus ojos encendidos, sus múltiples brazos y su voz de otro mundo. Es un performance inolvidable y al concluir, el público estalla en gritos y aplausos, deslumbrados. Fue difícil pero apenas logré conseguir una camisa de Jex, ya que su puesto se quedó sin mercancía inmediatamente después del show.

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Quince minutos de descanso entre cada acto nos permite salir, respirar el aire de 10 grados, conseguir una cerveza y toparnos a Thunderwheel Webber (Skinless) casualmente esperando el siguiente chivo.

-“Vinimos de Costa Rica a verlos!”

-“Hey qué bueno! Se…se sienten bien? Se ven un poco confundidos.”

-“Ah sí, nos comimos un ácido, andamos un poco locos.”

-Thunderwheel nos abraza fuertemente y grita: “I FUCKING LOVE PSYCHEDELICS!

Que bien todo.

Las conversaciones entre los metalheads afuera se escuchan todas con temas similares. Conversaciones sobre sus camisas, donde las obtuvieron, quien tocó en donde, de donde salió esa cicatriz y cuantas contusiones han tenido producto de los moshpits de x o y banda.

Bom-bom.

Suenan desde adentro, tambores. Lentos, marchantes, tambores de guerra.

Bom-bom.

Es como un llamado, un pulso de corazón, constante, latiente.

Bom-bom.

IMG-20150610-WA0031Es Conan, una banda de Stoner-Doom de Inglaterra con temática mitológica, histórica, enfocada en batallas y guerra. Suenan con todo el furor de un asedio militar o una invasión barbárica. Son solamente tres integrantes, con mucho poder de amplificación; destructivo y sumamente denso. Había escuchado ambos discos de esta banda, pero ninguna grabación hace justicia a la pared de peso que descarga sobre el público cuando tocan en vivo. Siendo su primer concierto en Estados Unidos, deja a la audiencia boquiabierta. El alucinógeno ya bien encaminado me pone ahí, en medio de esa batalla, con los bardos de guerra inspirando la marcha hacia adelante, hacia la victoria o la muerte. La música es lenta, pero con el peso de una montaña. Se arma el primer y único moshpit de la noche (el doom no suele prestarse para esto), lento pero pesado, tal y como la música que lo inspira.

Había un ojo gigantesco, omnisciente y juzgador que nos observaba desde arriba. Veía dentro de nuestras almas y decidía nuestro destino.

Después de esa majada de cráneo, seguía Ufomammut, una banda italiana de Stoner-Doom con una trayectoria de más de 15 años. Su música, al igual que la mayoría en este chivo, es sumamente densa y saturada. Se caracterizan por el uso de visuales producidos por Malleus, el colectivo de diseño y arte gráfico conformado por los mismos miembros de la banda. Describir la música de Ufommamut no tendría sentido, tienen que escucharlo; pero su acto en vivo te lleva de paseo por un mundo surrealista. Había un ojo gigantesco, omnisciente y juzgador que nos observaba desde arriba. Veía dentro de nuestras almas y decidía nuestro destino. Abrió las puertas a un camino subterráneo y cavernoso el cual, en lo que avanzábamos, se ponía más caliente y más rojo. Las paredes de las cavernas se derretían constantemente, revelando los secretos de este inframundo al que habíamos llegado. ¿El infierno? Quizá. Mi amigo sugirió que nos encontrábamos ante las puertas de R’lyeh, la ciudad sumergida donde descansa Cthulhu. Al enfrentarnos a tan colosal ciudadela y calor abismal, nos sacan de este lugar por medio del agua que lo rodea. Nos ahogamos en el intento de escape y no llegamos a la superficie, por lo que entramos a un purgatorio vasto y vacío, donde un alma perdida prendía una vela, cuyo humo, lentamente, nos levantó hasta el Sol. Esto es lo que sucede cuando combinas esta música con esos visuales y estas sustancias.

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Y finalmente, llegaba el momento.

La música y las letras de Yob son instrospectivas; reflexiones sobre nuestra existencia, el alma y nuestras conexiones con la tierra y el cosmos

El momento de ver a una de mis bandas favoritas sobre este planeta, Yob. Una banda con una reputación enorme en este mundo metalero y campeones actuales de su género. El trío de Oregon es liderado por Mike Scheidt; sus canciones aproximan entre los 15 y 20 minutos por pieza, por lo que sus shows consisten usualmente de unas cuatro canciones por chivo. La música y las letras de Yob son instrospectivas; reflexiones sobre nuestra existencia, el alma y nuestras conexiones con la tierra y el cosmos. La voz característica de Scheidt consiste tanto en un falsete agudo y nasal como de un growl gutural poderoso. Cuando suben a la tarima, ellos mismos prueban sus instrumentos durante unos breves momentos luego de saludar al público. Escuchar a Mike probar los micrófonos con un falsete me eriza la piel y todas las super-sensaciones que pasan por mi mente y cuerpo me ponen emotivo; no puedo evitar empezar a lagrimear con el momento. Yob es una banda que escucho hace unos 9 o 10 años; una banda que específicamente he compartido con mi mejor amigo, sobre muchas conversaciones fumadas, muchas meditaciones sobre la vida, etc. Los Flaming Lips dijeron: “Do you realize? That happiness makes you cry?”, y es una afirmación hermosa. En ese momento, esperado y ansiado por muchos años, estaba en un momento de felicidad absoluta, llorando como un bebé. El público llama a Mike por nombre, le piden el chivo, lo alientan. We’re ready, dice Mike.

La música de Yob es como un ente cósmico, enorme, flotando lentamente por el espacio; pacífico, eterno, pero inevitablemente destruye todo lo que se ponga en su camino porque es incapaz de detener su lánguido avance. Es densa, es profunda, es colosal; tiene sus momentos que son como una brisa que termina convirtiéndose en tempestad. Yob no usa visuales ni trajes pintorescos; son un simple trío en una tarima, con una presencia imponente. Entre canciones, Mike le habla al público como un shamán que cuida de su tribu y te hace sentir en familia, en confianza. El setlist de cuatro canciones nos ofreció un clásico, y tres piezas del álbum nuevo Clearing the Path to Ascend. Al final del chivo, los aplausos y los gritos desgalillados del público tienen a Mike agradeciendo la respuesta. Yob cierra el chivo y Mike, al quitarse su guitarra, baja a saludar a quienes deseen darle la mano. Yo fui uno de ellos. Su presencia es calurosa y sonríe contagiosamente.

[button size=large style=round color=black align=none url=http://portafolio.labasecr.net/?p=1714]Set de fotos [/button]-“Mike, vinimos de Costa Rica, son uno de nuestros grupos favoritos. Los fucking amamos. Gracias por ese concierto tan especial.”

-“Costa Rica! Excelente, gracias por venir, fue un excelente show!”

-“Um…Mike trajimos acido específicamente para verlos a ustedes. Um…quieres ácido de Costa Rica?”

-“Por supuesto que quiero ácido de Costa Rica!”

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Que bien todo.

Gracias por leer. Escuchen Metal. Escuchen Yob. Día 2 del Maryland Deathfest próximamente.

allen

*Nota aclaratoria: LaBaseCR.net narra los eventos y momentos circunstanciales en sus crónicas. LaBaseCR.net ni sus colaboradores promueven el uso de drogas no autorizadas.