Nigredo de Niño Koi

El día que escuché el nombre Niño Koi por primera vez, dos imágenes resaltaron en mi cabeza: la primera era la de una criatura mitológica oriental sacada de un lienzo de Japón feudal, con torso de niño y cola anaranjada y roja, nadando y cantando en su sereno mundo  lleno de cerezos rosados y tentáculos acosadores. La segunda fue la de un bicharrejo espantoso con cabeza y torso de pescado con dos absurdas piernas regordetas cual querubín, como sacado del rincón más pútrido de una obra del Bosco, haciendo sonidos indescifrables y aleteando desesperadamente mientras se asfixia fuera del agua, pero que tampoco puede nadar debido a su ridícula anatomía.

Cuando escuché la música de Niño Koi supe que la banda es ambas cosas. Empezando porque el Niño Koi no se comunica en español; sólo emite sonidos y emociones, nunca palabras. El Niño Koi es bello y pacífico, hasta que abre sus fauces y revela sus dientes filosos. Es tan monstruo como es humano, y vive en un mundo ajeno, surrealista y hostil.

Para su más reciente lanzamiento, Niño Koi mezcla sus elementos y especias para crear Nigredo. En la alquimia, el Nigredo era el primer paso a la piedra filosofal: la mezcla y cocción de todos los elementos alquímicos para formar una masa negra uniforme. Pero el concepto del Nigredo corre un poco más profundo en la modernidad. Según Jung, el Nigredo, o la “noche oscura del alma”, el momento en el proceso de la individuación en la que la persona se enfrenta a lo peor de sí misma; el Ego y Superego con cuchillos a sus cuellos, una desesperación sin escapatoria. Pasar por el Nigredo, por el “enegrecimiento” da paso al Albedo; la iluminación y purificación del individuo. Putrefacción y renacimiento. Puntos opuestos e inseparables de un mismo proceso.

 Pero suficiente con psicología junguiana; el opus de Niño Koi, con una duración de 12 minutos y medio, describe el proceso del Nigredo sin una sola palabra. Comenzando en un punto de tranquilidad, languidez y comodidad, la canción prontamente comienza un descenso a los rincones más negros y vastos de sí misma. Sumergido en las profundidades de su mar surrealista, el Niño Koi asume forma de pez abisal, iluminando su camino en la oscuridad con la luz de su señuelo. En esta negrura, el Niño Koi devora y depreda, peleando y mordiendo contra todo por su supervivencia. El viaje del Niño Koi en el Nigredo es denso, oscuro y complejo, tal como lo describiría Jung. Al final, el Niño Koi emerge de la sombra, pasando por el azul de su mar hasta finalmente romper la superficie y ascender a la pureza de las nubes, cual pez volador que se creyó cohete.

Niño Koi es una banda con la capacidad de unir mundos, trascender géneros y engañar percepciones

Niño Koi desata este tour-de-force de pieza la misma semana que están programados para tocar en el mítico Rock en el Farolito; una tarima bien merecida para una banda que se atrevió a tocar música puramente instrumental dentro de una escena donde los vocalistas daban identidad a las bandas. Pero hay algo en la música de Niño Koi que los pone aparte de sus contemporáneos instrumentales post-rockers. No hace mucho, caí en cuenta que Niño Koi se asemeja más a una banda de black metal atmosférico-experimental que a una banda de post-rock evolucionada de raíces punk-hardcore. Niño Koi puede compartir tarima con Las Robertas y Colornoise, o bien podrían sentirse en casa en un festival de black metal avant-garde con bandas como Alcest, Amesoeurs o Blut Aus Nord. Agregen un cantante gritón con tendencias a cortarse mientras toma vino tinto y lee poemas de Baudelaire y ¡voilá!, tienen una banda de black metal experimental. Hasta su misma estética es curiosamente tirada a imágenes alquimistas y religiosas de tiempos medievales.

El show entero del Farolito tuvo de fondo vitrales católicos y las canciones se introducían con cantos gregorianos y samples de diálogos de cine, ya fueran sardónicos, misántropos o psicóticos. Insisto, todo esto pasa en el black metal tan regularmente como las referencias a la marihuana y/o leones en el reggae. A lo que voy es que Niño Koi se disfraza de dulce sireno pero en realidad es un monstruo marino asesino. A más de un metalero, de esos que se almuerzan una biblia entera, página por página, con una botella de Jack Daniel’s a la par, le he enseñado Niño Koi y quedan maravillados. Niño Koi es una banda con la capacidad de unir mundos, trascender géneros y engañar percepciones. No hay otra como ella en este país.

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